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La rima imperfecta y el verso libre

Hay una rima perfecta, o consonante, que es la que ya conocemos, y otra imperfecta, o asonante, que vamos a explicar. Sabemos que consonantes son por ejemplo: caballo y gallo, montaña y cabaña, ilusión y corazón, horizonte y monte, etc. las palabras a sonantes coinciden únicamente en el sonido de las dos letras vocales últimas, es decir, que son asonantes: caramillo y pistilo, convento y anhelo, espada y coraza, pureza y puerta, etc. esto es cosa que debe aprenderse de oído, porque si las dos vocales últimas estuvieran juntas como: venía, mía, Lucía, o feo, deseo, torneo, etc. entonces hay rima perfecta, o consonancia.

También puede suceder que baste una sola vocal para asonantar, si dicha vocal está acentuada, a semejanza de lo que ocurre con los consonantes: Potosí, mí, así; acabó, no, llegó, etc. Pero en los asonantes la rima ha de ser menos significada, es decir, son asonantes las palabras: Inés, también, Ariel; colosal, encontrar, estás, etc.; pues el acento carga sobre la misma vocal, aunque las consonantes sean distintas. En suma, asonancia significa la imperfecta semejanza de lo sonidos en la terminación de las palabras

Hay, además, versos libres o sin rima, cuya sílabas están correctamente medidas, pero para los cuales no hace falta buscar ni consonantes ni asonantes. En la poesía épica se usan muy frecuentemente, evitándose con ellos la musicalidad demasiado acentuada, o, como si dijéramos, el sonsonete, que es la manera más vulgar de decirlo. La poesía épica, que tiene un carácter de grave y solemne elevación, con versos libres parece más digna y majestuosa.

Veamos tres ejemplos, que acabarán de ilustrarnos sobre las rimas.

De rima perfecta:

¡Qué descansada vida
La del que huye el mundanal ruido,
Y si queda escondida
Senda por donde han ido
Los pocos sabios en el mundo han sido!

De rima imperfecta:

¿Quién pudiera imaginar,
Viendo tus golpes crueles,
Que cupiera alma tan tierna
En hecho tan duro y fuerte?

De versos libres:

Desde el oculto y venerable asilo
Do la virtud austera y, penitente
Vive ignorada y, de liviano mundo
Huida, en Santa soledad se esconde,
El triste Fabio al venturoso Anfriso
Saludos en versos flébiles envía.

Hemos tomado estos ejemplos, respectivamente, de fray Luis de León, Luis de Góngora y Gaspar M. de Jovellanos. En ellos pueden apreciarse diferencias de sonidos y también ritmos variados.



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