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Como se hace la rima

Generalmente, los versos son rimados, es decir, coinciden al final con uno determinado, por ejemplo:

¡Pobres hojas caídas de la arboleda;
Sin su verdor, el alma desnuda queda!
Este es un pareado de Federico Balart.

 

Esta coincidencia del sonido final se llama consonancia; pero se advierte que los versos, además de ser consonantes han de tener medidas las sílabas, y convenientemente distribuidos los acentos, lo cual es parte principalísima de su música, pues en esta distribución de los acentos está el ritmo. Los versos más comunes son de 8 y 11 sílabas (octosílabos y endecasílabos); pero los hay también de 16 sílabas y de 15, 14, 13, 12, 10, 9, 7, 6, 5, 4, 3, 2 y hasta los hay de una sola sílaba.

Vamos a contar las sílabas en un verso octosílabo tomado de una obra bien conocida: don Juan Tenorio:

Quien nunca a ti se volvió...

Parece que aquí hay ocho sílabas, y las hay, en efecto, pero no son aquellas que contaría un principiante, poco enterado de estas cosas. Porque cuando se juntan dos vocales como sucede en nunca a... las dos sílabas sólo valen por una, de suerte que nun–ca–a, en vez de ser tres sílabas, son dos solamente, por la sinalefa que forman las a a punto en el cambio, volvió es una palabra aguda, y cuando un verso termina por una palabra aguda, la última sílaba vale por dos. Así la sílaba que perdimos en la a la recobramos al final del verso, que mediremos del siguiente modo:

Quien-nun-caa-ti-se-vol-vió
   1         2      3   4   5   6   7-8

Veamos ahora un endecasílabo:

El verso azul y la canción profana...

Es verso de Rubén Darío, y como también se juntan dos vocales, el verso-azul, y no termina con una palabra aguda, lo mediremos así:

El-ver-soa-zul-y-la-can-ción-pro-fa-na
1    2     3     4   5 6    7     8      9    10  11

Naturalmente, que las personas acostumbradas a componer poesías, no necesitan medir los versos, pues según como le suenan al oído, bien o mal, ya saben si su medida es correcta o no. También hay que tener habituado el oído a los acentos, para mejor acertar con el ritmo de las palabras; pero esto nos explica tan fácilmente, y ya lo aprenderán nuestros jóvenes lectores cuando estudié literatura. Aquí no podemos dar más que algunas reglas muy elementales y que pueden ser aprendidas inmediatamente.



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